martes, junio 14

El poder de la voz


-¡Óyeme, Quelel! Estas chingaderas no se hacen. Le voy a decir a tu jefe en qué andas metido, cabrón.
-Ese güey no se va a quedar callado…
Aarón se preciaba de ser un hombre derecho, honesto, y de hablar siempre a calzón quitado. No lo pensó dos veces cuando identificó a sus vecinos que salían de asaltar una mercería.
Ahí mismo, en la esquina de Temixco y La Venta, antes que pudieran escapar, los señaló con un dedo acusador. Felipe de Jesús se puso nervioso y volteó a ver a Miguel Ángel. De hecho, los tres cómplices estaban viendo al Quelel, que se había puesto pálido.
-… tienen que callarlo.
Regresaron. Miguel Ángel le disparó toda la carga de su arma y huyeron, pero ya era tarde: un arresto los esperaba gracias a que Aarón no se quedó callado y, con todo el poder de su voz, gritó.

5 comentarios:

Mónica Moreno dijo...

Breve, directo al punto y muy interesante com siempre!!

MONIRIOS2

Lucia Elisa Villarreal dijo...

Excelente, ahora si , me gusto, entedi, sustancia,y como que quiero saber si continuara. ñ.ñ

Lucia Elisa Villarreal dijo...

Excelente, ahora si , me gusto, entedi, sustancia,y como que quiero saber si continuara. ñ.ñ

Anónimo dijo...

Cuando la voz de un enemigo acusa, el silencio de un amigo condena. Todo arte tiene un descubrir saberlo interpretar, está en la historia individual, cada Ser es único...
Saludos. Néstor Blanco

Ricardo Trapero dijo...

Eso es saber tocer con inteligencia una breve y directa historia !