martes, junio 7

Olé


Ya están aquí los toreros muertos,
ya están aquí muertos, muertos.

Beto no sabía de poemas, ni conocía a García Lorca: “Lo demás era muerte y sólo muerte / a las cinco de la tarde”. Él era roquero y esas joterías no iban con él.
A los Toreros Muertos sí los conocía, pero prefería mil veces a Korn. Claro que jamás lo decía, porque su mamá odiaba ese “escándalo”. Su mamá que estaba ahora tirada en plena calle.
De haber visto a su madre ahí gimiendo en el piso, jamás hubiera pensado “no quiero que le tapen la cara con pañuelos / para que se acostumbre con la muerte que lleva”. Afortunadamente, ella no estaba muerta, ni en agonía, ni era su sangre la que serpenteaba por el piso. A ella la habían atropellado nada más.
Alberto y su mamá no esperaron el verde y cruzaron a la Viva México. El dueño de la pick up no se detuvo: aceleró, tocó el claxon y trató de frenar de último momento. No hubo manera. Les pegó a ambos, que tampoco lograron torear la camioneta.
Ella, tirada, atentida por los paramédicos, lo miraba a él, que nunca lo hubiera pensado pero que le quedaban perfectamente aquellos versos:
Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Él, rockero, no pensará jamás algo así. Ni nada más.

2 comentarios:

Ricardo Trapero dijo...

No se porque proyecto la escena en otra parte, por allá en la península de tus ancentros.
"Joer", que esto es surreal !

Lucia Elisa Villarreal dijo...

mi perceción me indica que falta algo, sutancia tal vés , pero solo siento que es un pensamiento irreal . tal vés